Cerca de las nueve de la tarde, cuando veníamos para casa, fue Juan quien se fijó y me dice: Abuela ¡mira como brilla la luna!, y no sólo brillaba, al haber alguna nube jugaba a esconderse y, después, nosotros con ella.
Cuando miro la luna, pienso que es punto de unión con otra mirada por muy lejos que esté.
Por la noche, volví a hacerle fotos y cuando leí a Conchi me uní de una manera muy especial a la tertulia de esa plaza virtual que tantas satisfacciones nos da gracias a ella y en dedicarle mi entrada, la luna desde Galicia y su flor preferida.
Cómo Conchi comparte todo si queréis os podéis llevar la luna.
Abrazos.



























